Confesión de pasión - Cap I - Polizón a bordo del BALTC

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LicPescadasTraful
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Confesión de pasión - Cap I - Polizón a bordo del BALTC

Mensaje por LicPescadasTraful » Vie, 26 Jun 2020, 19:06

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Aclaro que es un cuento...digamos ...prolongadito.


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Se que puedo llegar a ganarme algún enemigo nuevo o, por lo menos algún odio. Pero encontré que esta podría ser la forma de purgar mis pecados y "lavar" viejas afrentas: publicarlas en una vidriera grande del tenis, como lo es Foro BREAKPOINT.
Y estoy seguro de que existen cientos de personas que pueden contar algo similar pero, por recomendación médica, no me ocupo de la moral ajena.
En los años setenta, tomaba el tren en mi ciudad (Tigre, a 30 km. de Buenos Aires capital) y 50 minutos mas tarde me bajaba en la estación Lisandro de la Torre. Luego hacía una caminata de 10 minutos por ese sector de los Bosques de Palermo para rematar en el Club de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, sección San Martín, en la Avenída Figueroa Alcorta, donde tomaba clases de tenis.
Eran horas de la mañana y estaban cargadas de fascinación. La imponencia del edificio social, la gran cantidad de canchas cruzadas por interminables pasillos.El momento de la clase con mi profe Andrés (el "negro") Funes. Los entrenamientos de las divisiones altas. Fascinación, señores!! El "impulso Vilas" estaba en el aire. ¿De dónde iba yo a sacar ganas de tomarme el tren de vuelta y asistir a mi colegio secundario en el turno tarde?.
Por suerte eso ocurría una vez a la semana, pues, de haber vivido en los alrededores del club, hoy no podría resolver una "regla de tres simple".
Tanto en la ida, como en la vuelta, le pasaba por delante al Buenos Aires Lawn Tenis Club, que era, para mi, otra "caja mágica" con un poder adicional: la posibilidad de presenciar entrenamientos del mismísimo Dios marplatense.
En los '70 no habían celulares, ni drones, ni cámaras de seguridad y no siendo sábado o domingo, las horas del día eran de un pasar muy relajado.
Un empleado asignado al sector del portón de ingreso (a quien yo debo un enorme agradecimiento nunca antes formulado) se conformaba con un cordial "Buenos Dias" de mi parte, a modo de carnet de socio. Y el resto de mi estrategia, una vez adentro del club era simple y segura: No ir mas allá de mi rol de observador, no buscar conversaciones que no me hayan pedido y mostrar lo mas claramente posible que mi presencia era neutra e inofensiva. Me convertía en una parte del paisaje y disfrutaba.
Y ahí aparece la primer clave: dis-fru-ta-ba. ¿de qué?, preguntará alguno, si coincidir con un entrenamiento de Vilas era como acertar una lotería de 5 cifras .
Por suerte, acerté muchas veces. Y disfruté porque la gente de aquella época, en aquellas condiciones y embebidas de la enorme pasión reinante, podíamos disfrutar con mucho menos que un torneo producido y patrocinado.
Teníamos enorme admiración y respeto por mucho menos. No me iba a ir de ese club porque en vez de Vilas, me encontrara con un set de práctica entre Martín de Gainza y Gabriel Aouroux , o un peloteo entre el "Chavo" Cerdá y alguno de los hermanos Olmedo Zumarán. O una simple clase de tenis a cargo de Horacio Coronel, que años mas tarde conocí en persona.
Disfrutar del tenis que no se haya alcanzado. Y eso es, simplemente, poner en funcionamiento eso tan maravilloso que todos tenemos cuando somos niños y ocultamos estúpidamente cuando nos hacemos grandes: la capacidad de admirar. Una de las formas sutiles en que se nos presenta, de vez en cuando, la felicidad.
Si se producía el milagro de coincidir con Vilas, además del éxtasis adicional, iba a suceder que mi presencia sería menos advertida porque crecía el tránsito humano en el club. Frente a la "cancha uno" tanto sentados como parados se juntaban personas del ambiente, algún periodista, algún sponsor, muchos fans osados y uno que era prudente: un servidor..
Tengo unas cuantas anécdotas que no voy a gastar ahora, pero que aparecerán en otra oportunidad.
Finalmente, al retirarme de las instalaciones del gran templo del tenis argentino, volvía a pasar por delante del empleado del portal. ,Con él nunca tuve un acuerdo verbal, aunque yo me auto-impuse una contra prestación de honor que cumplí a rajatablas: Respetar el espacio y el momento ajenos. Lo miraba y le mostraba el mismo carnet que había usado en mi ingreso : un cordial "buenos días"..
Evaristo Pescadas Traful

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