
Segundas partes nunca fueron buenas, y en este caso, tampoco cortas

Debía haber escrito esto en el dia de ayer, y se hubiera podido llamar "aniversario" pues un 30 de abril decidí concurrir, por segundo día consecutivo, a las inmediaciones del Buenos Aires Lawn Tenis Club. El día anterior había fracasado en mi intento de ingresar furtivamente al estadio principal para ser testigo de la jornada de los singles en el match Argentina vs U.S.A. por Copa Davis 1977. A diferencia de otras series (quizá fuese un tema de la seguridad requerida por el equipo visitante), en esta final americana la distribución de los controles estaba en cada portal de ingreso al los distintos sectores de tribuna. Una verdadera "Misión Imposible". Pero vayamos por un momento al pasado.
Hubo épocas en que la clave consistía en ingresar por la puerta de socios. Si había torneo, se ponía muy concurrido y no había cordialidad que alcance. Había que ser furtivo, sigiloso y despiadado para aprovechar el momento de distracción del personal del club y encarar el lado izquierdo del edificio, (que si mal no recuerdo, iba directo a la "cancha de los menores"). Una vez adentro, el objetivo estaba cumplido y se podían ver muy buenos entrenamientos en todas las canchas, tanto se tratase de un "Rio de la Plata", un "República" o una fecha de Copa Davis.
También me resultaba curiosa la estampa de un profesor: rubio, ojos claros, cuerpo ancho, y vos aflautada. Tenía la piel enrojecida por tanto sol ("colorado como pavo 'e chacra", diria mi viejo) y siempre que me "colaba" en el B.A.L.T.C. el tipo estaba ahí, dando clases. Despertaba en mi, una sana envidia y admiración. Y sus rasgos me sugerían una similitud simpática: Yo lo encontraba parecido al Pablo Mármol de "Los Picapiedra". Era Horacio Coronel, que unos años después fue Director en la escuela de Profesores donde me gradué y supo concurrir con frecuencia a mis torneos en los veranos de Pinamar..
Si los controles se ubicaban al final del largo pasillo escoltado por canchas en ambos lados, la estrategia era algo más complicada; pero eficaz. Salir del club, traspasar todas esas canchas desde la calle, rodear el estadio y terminar filtrándome, zanja mediante, por alguno de los huecos que brindaban los alambrados que separaban ese sector límite con los bosques de Palermo y las vías del Ferrocarril Mitre.. Luego caminar por las vías (bien pegado a los márgenes, para no ser atropellado por un tren,y perderme el espectáculo) hasta un sector "también deteriorado" del alambrado casi en línea con el lado mas oculto del estadio, pasarle por abajo ....y ya!! ...Adentro!! .
Volvemos al futuro, o sea, a lo que veníamos relatando.
En aquella Copa Davis, no había forma de pasar ninguna puerta del estadio. Ninguna. Los controles estaban en todas las puertas. De hecho, me volví el primer día "con las manos vacías", pero la importancia del evento me hizo volver al dia siguiente. Ventajas de ser joven, que extraño tiernamente..
Cumplí con todas las fases posibles. Básicamente entrar por las vías y estudiar el terreno para tener alguna oportunidad.
Y la oportunidad apareció un par de horas mas tarde.: Me quedé mirando a un grupo de gringos que llevaban bultos, paquetes de cables y cámaras de filmar ( en esa época los documentales se tomaban con artillería pesada). Eran mas o menos 6 personas que respondían a otras dos, que parecían ser los jefes y que , entre ellos, hablaban en inglés constantemente.
Me acerqué a uno de ellos y con la lógica desesperación en mi rostro, intenté comunicarme en un inglés de Tarzán.
_"Give me.....Give me.... Please, give me a...... El flaquito de bigotes y anteojos Ray-ban me miró y me dijo la frase mágica: _"Quedate piola, pibe. No te doy ahora en bultosky porque va a ser medio evidencioli". No le di un abrazo, para no echar todo a perder. Me dieron un paquete con mantas, que después usaron para cubrir las cámaras. Cuando llegamos al sector de ingreso, el personal preguntó "Cuantos son?", a lo que el jefecito le respondió "Somos los que estamos". Y con el corazón a mil, los acompañé a la tribuna de prensa, no demasiado lejos del palco oficial. Había triunfado.
Me vi practicamente todo el partido de dobles, con derrota argentina frente a los mejores del mundo: Sherood Stewart y Fred Mc Nair..
Me volví a casa con la satisfacción de la misión cumplida, sin demasiada idea de la dimensión histórica de lo que acababa de presenciar y las sensaciones que suelen experimentar los niños cuando todavía creen en los Reyes Magos,... y los ven en persona.
Evaristo Pescadas Traful .


