
Asistimos a un momento muy particular de la historia del tenis y su difusión: La pandemia del COVID-19.
A las puertas de Indian Wells, la actividad oficial se ha suspendido en forma indefinida y, de igual manera, en casi todo el mundo no hay tenis para nadie, salvo que se tenga una cancha en casa y un familiar para ocupar el lado contrario.
La ruta comunicacional que emerge victoriosa es internet en sus distintas redes. Y los agentes del tenis sufren la angustia del naufragio profesional. Los que tienen una gran estructura tendrán que ejecutar todos los mecanismos a su alcance para “achicar” sus presupuestos. Quienes solo se dedican a dar clases a los aficionados de base, ya están haciendo malabarismos para subsistir a esta tormenta que nunca nadie imaginó.
El “Fomento del Tenis” es algo que se da a través de una inmensa red integrada por una gran cantidad de elementos, desde quienes fabrican cada insumo, quienes financian con sus aportes a los lugares de práctica, quienes generan competencias y quienes enseñan cómo se logra jugar y hacer de ello un disfrute.
Así, podríamos armar una secuencia “multidireccional” preguntando:
¿El profesor que le da clases de tenis a mi padre, debería darle las gracias al empleado que abre y cierra el portón del club?
¿Mi padre debería darle las gracias a la Comisión de Tenis del club, por mantener habilitado a su querido profesor?
¿La empresa que vende las redes y los flejes de recambio debería darle las gracias a mi padre?
¿Los organizadores de torneos privados deberían darle las gracias al empleado que abre y cierra las puertas del club?
Y cambiando de dirección y de amplitud, para ir más lejos:
¿Los descendientes de Federer, Nadal y Djokovic deberían darle las gracias al empleado que abre y cierra las puertas del club?
¿El empleado que abre y cierra el club debería darle las gracias al Tío Toni, a Bergelin, a Peter Parker, o a Felipe Locícero?
En realidad, todo está conectado. Pero, así como en un barco hay Capitán y marineros, cuando se produce una amenaza de naufragio, nadie es más importante que el otro. Se intenta preservar a todos. “Sacrifiquemos marineros, que de esos hay muchos” no aplica en esta historia, para mí.
Los grandes ídolos y estrellas más altas del tenis; los grandes eventos y su imagen pública, le dan un empujón importante a la actividad, pero nos equivocaríamos si creyéramos que con esos únicos elementos alcanzan para fabricar aficionados, clubes, profesores y proveedores.
Esto no es como “el huevo y la gallina”. En este caso, es más rápido regenerar un lote de gallinas de selección desde el trabajo de base, que esperar que aparezcan por arte de magia nuevos embriones.
Dicho de otra manera: “Hagamos que las gallinas coman un poco menos y se pueda poner en marcha toda la cadena en buenas condiciones, pero ¡por favor!, no rompan los huevos!
Evaristo Pescadas Traful


