Confesión de pasión - Cap V: Las Olas y el tenis

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LicPescadasTraful
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Confesión de pasión - Cap V: Las Olas y el tenis

Mensaje por LicPescadasTraful » Vie, 26 Jun 2020, 18:45

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Ya entregué 4 capítulos bien largos. No esperarán que cambie el perfil ahora, no?


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Ya entregué 4 capítulos bien largos. No esperarán que cambie el perfil ahora, no?

Estaba sentado a una distancia prudencial del límite marcado por el último estribo de ola arribada a esta playa. De ahí hacia el mar, la arena estaba húmeda. Y desde ahí hacia mi, en cambio, ya era arena seca y caliente por la acción del sol.
Pretendía ser testigo de una secuencia inequívoca de olas que lleguen muy cerca, pero sin correr el riesgo ser alcanzado por el agua, demasiado fía para mi gusto.
Y lo estaba logrando. Entre las primeras siete olas noté una diferencia mínima. Me había descalzado, y mis zapatillas eran una barrera indicadora; un mojón, una línea de defensa adelantada jugando a la "ley del off-side". Todo estaba en orden.
En un momento de "relax y dispersión" (o sea "padre e hija") vino una oleada idéntica en espesor, pero muy distinta en velocidad. No sólo estaba fuera de mis cálculos. Otros vecinos de playa y yo, habíamos sido sorprendidos por el arrastre de esa ráfaga de agua salada que barrió con mis zapatillas, bolso, toalla...y que significó una verdadera sorpresa húmeda para mi trasero.
La primera reacción, fue una especie de grito de asombro con final de risa compartida por los presentes.
El mar nos había robado la pulcritud, pero no la felicidad. Durante un largo tiempo convivimos con unos dos o tres centímetros de agua y nada importaba. Estábamos donde queríamos estar y nos sentíamos parte del paisaje. Especímenes de una nueva fauna humano-ictícola. Fuimos felices.
Al día siguiente quise repetir la experiencia y me ubiqué en el mismo lugar, a dos metros de la arena ya bautizada. Ubiqué mis cosas en forma tal que me permitiese recoger todo rápidamente frente a la posibilidad de otra ola traicionera. Pero no.
Se ve que me tocó la tendencia bajante, pues el agua fue alcanzando topes cada ve más lejanos a mi posición. Estuve toda una tarde mirando la espuma blanca... de lejos.
Con el tenis, he podido apreciar una secuencia bastante parecida. En la Argentina de los '70, Vilas (y luego Vilas + Clerc) fueron una ola arrasadora y sostenida. Gozamos muchos años, con el agua del tenis "hasta las rodillas". Aparecieron canchas de tenis en galpones, terrenos baldíos, espacios ociosos debajo de autopistas, playas de estacionamiento y hasta terrazas de edificios.
Fuimos felices y creímos que la marea nunca bajaría. Nos casamos con el tenis, lo convertimos en pasión primero y profesión después. No nos importó mojarnos el culo. Estaba todo bien: Los hijos de hogares humildes acudían a clases de tenis, mientras en las clases altas, algunos hasta se llevaban al profesor con todo pago a sus vacaciones. ¿Porqué íbamos a pensar en una diversificación en medio de una "marea de tenis"?. Todos teníamos la sensación y la confianza para avanzar hasta un punto donde no nos afecte la bajante. La falta de trabajo era un fantasma que imaginábamos para otros. No para nosotros.
Pero luego de algunos vaivenes gloriosos, nunca tan asistidos por el contexto económico y fiscal de los ochenta, vino la baja.
Algunos hicieron a tiempo en adentrarse y no quedar varados, otros encontraron formas creativas de mantenerse con un pie en cada parte, lo cual traía consigo un riesgo: convivir con una insatisfacción terrestre y otra marina. Ser mediocre en ambos mundos. Sufrir, como dice un tango:"la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser".
Pasó mucho tiempo y el tenis como negocio, por lo menos en Argentina, se acotó. El poder adquisitivo de las clases mayoritarias le quitó volumen al sector demandante. La presión tributaria llegó a todas partes, y muchas canchas de alquiler, instaladas en terrenos que pagaban bajos impuestos tuvieron que ceder frente a la mucho mejor performance del negocio inmobiliario.
El tenis volvió a sus cotas naturales. Para sumergirse en él, había que buscar un club, y preferentemente un club que tuviese historia y peso.
Los barrios privados ofrecían una posibilidad de trabajo a profesores y estímulo para enrolar nuevos aficionados entre los particulares, pero nunca en la proporción que se vio en aquel tiempo de "tenis hasta en la sopa".
Hoy, para colmo, tenemos una pandemia nefasta (Covid-19) que le está partiendo el alma y el cuerpo a muchísimos profesores de base, que quedaron "boqueando" fuera del agua por razones del aislamiento obligatorio y el ensañamiento terapéutico (léase cuarentena). Y tampoco se salvan los formadores de profesionales de los distintos centros de entrenamiento, que muchas veces cargan con altos costos que terminan siendo tanto o más desestabilizantes.
En mi caso particular, mi tenis se ve afectado, pero solamente en mi condición de aficionado apasionado y adicto, porque el profesor que fui ,un día se cansó de mantener la actividad como quien cuelga de una rama aferrado por una sola mano...y me solté.
Lo que no pude soltar es el amor por este deporte, sus cosas y sus personajes. Me duelen los profesores de tenis en esta desgraciada pandemia. Los profesores de base cuyo 2020 está muerto y los entrenadores, que no encuentran mas actividad que la de hacer "vivos".
Mis hijos ya son grandes y trabajan en otra cosa, pero si tuviesen 20 años y me pidiesen consejo sobre la que fuera mi profesión les diría lo siguiente: Si te gusta mucho el mar, no te quedes en la orilla a mirar como sube y baja. Nada hasta lo mas profundo y se feliz. Para un caso contrario, te informo que hay muy buenos paisajes en la montaña.

Evaristo Pescadas Traful
Para comunicaciòn directa y respuesta mas ràpida, envia un e-mail a forobreakpoint@gmail.com
Y para dialogo fluido, acuerda una entrevista y luego utiliza videochat de Google ("hangouts"), o Facebook.

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